Resulta que no tenemos tanto poder…
...ni carecemos tanto de él.
En las historias de fantasía o aventura suele aparecer la típica profecía del “Elegido”, alguien en quien recae todo el deber de salvar el mundo; es decir, se le atribuye el destino de reconstruir lo que una vez fue entero, ya sea pequeño como un amuleto o enorme como un reino; forjar algo firme y artificial como un arma perdida o darle esperanza a alguien frágil y natural como un antihéroe corrompido.
Personalmente, noté que varias veces me sentía destinada a ser lo opuesto a lo que es el “Elegido heroico”: Si ocurría una catástrofe, seguro fue por mi culpa; mi corazón insistía en que “algo malo debí haber hecho”. Y si aparecía algo precioso, de seguro no tuve nada que ver; mi mente negaba con un “no significa que yo haya sido de mucha ayuda”.